domingo, 23 de enero de 2011

DIEZ AÑOS ANTES

Ramón Fortuna junto a su familia se trasladaron a un piso pequeño y sobrecargado de muebles marrones en el pueblo de Vallecas, el miércoles pasado.
Al día siguiente conocieron a sus vecinas, las hermanas Echevarría, Pili y Milagros, y a su perro Kevin. Toda la familia unida por la muerte del padre fueron juntos a visitar lo que era el barrio de Vallecas.
El viernes, Gloria acompañó a Ramón al colegio del pueblo, ya que Ramón sólo tenía cinco años. Al colegio Ramón no tenía ningún amigo, pese a uno, Valentín. Jugaban juntos a la hora del patio con los columpios y también iban a la misma clase.
Cuando llegó el fin de semana la madre conoció a un ex compañero de su marido, Marcelo, que trabajaban los dos de maquinistas. Él trabaja de abogado, le gustan los niños y vino a Vallecas porque su novia vivía aquí. Mientras, la hermana encontró un trabajo en el pueblo en una famosa perfumería donde trabajaba todos los días menos el domingo.
Ramón empezó a crecer al lado de Valentín, fueron pasando los años y los dos seguían siendo mejores amigos. La madre muchas tardes iba a tomar el té o café al piso de las vecinas Eche para hablar de distintas cosas.

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